Para medir cuánto se mueve el peso hay que usar el precio al que una persona realmente podía comprar dólares. Entre 2019 y abril de 2025 ese precio no fue el oficial: el cepo limitaba la compra a 200 dólares por mes. El precio accesible era el contado con liquidación. Antes de 2019 y después de abril de 2025, en cambio, el oficial estuvo abierto sin límite.
Medido de esa forma, el peso registró entre 21% y 33% de volatilidad anual a lo largo de nueve años. En el mismo período el S&P 500 osciló entre 12,7% y 22,1%. Dicho simple: la moneda que muchos ahorristas tratan como plata quieta se movió más que el índice de acciones más grande del mundo, año tras año, con cualquier gobierno y bajo cualquier régimen cambiario.
En 2026 aparece una excepción: la volatilidad cayó a 8,6%, por primera vez debajo del S&P 500. Es el mejor dato de la serie y merece reconocerse. También merece verificarse: el precio libre todavía marca entre 15% y 19%, y en la última década toda calma cambiaria terminó siendo transitoria. Este informe explica cómo distinguir una cosa de la otra.
Todo el análisis depende de esta pregunta. La volatilidad mide cuánto se mueve el precio de algo, y para que ese número signifique algo tiene que ser el precio al que uno puede efectivamente comprar.
Entre septiembre de 2019 y abril de 2025 hubo cepo cambiario. Una persona física podía comprar como máximo 200 dólares por mes al tipo de cambio oficial, y con condiciones que dejaban afuera a buena parte de los ahorristas. Para cualquier monto relevante, el precio real era el contado con liquidación: se compra en pesos un bono o una acción que cotiza tanto en Buenos Aires como en Nueva York, se transfiere al exterior y se vende allá en dólares. Nadie lo administra, así que se forma libremente por oferta y demanda.
Fuera de ese período la historia es distinta. Antes de septiembre de 2019 no había restricciones, y desde abril de 2025 el cepo para personas físicas está levantado. En esos tramos el oficial es el precio accesible, y usar el contado con liquidación mediría un precio que nadie está obligado a pagar.
| Momento | Mayorista | CCL | Precio accesible |
|---|---|---|---|
| Diciembre 2016 | $ 15,89 | $ 16,06 | Mayorista · sin cepo |
| Octubre 2020 | $ 78,32 | $ 156,25 | CCL · con cepo |
| Octubre 2023 | $ 350,00 | $ 871,81 | CCL · con cepo |
| Diciembre 2023 | $ 808,45 | $ 970,93 | CCL · con cepo |
| Junio 2025 | $ 1.205,00 | $ 1.208,62 | Mayorista · sin cepo |
| Agosto 2026 | $ 1.511,50 | $ 1.601,18 | Mayorista · sin cepo |
Cierre de cada mes. Mayorista: serie A3500 del BCRA. CCL: elaboración propia. En octubre de 2023 el dólar accesible costaba 2,5 veces el oficial.
Las inversiones se agrupan en dos grandes familias. La renta fija —plazos fijos, bonos, letras— paga un rendimiento conocido de antemano y su precio se mueve poco. La renta variable —las acciones— no promete nada: su precio sube y baja según cómo le vaya a la empresa y al mercado. Por definición, la renta variable es la parte volátil de una cartera. Es donde uno acepta sobresaltos a cambio de un rendimiento potencialmente mayor.
El S&P 500 reúne a las 500 empresas más grandes de Estados Unidos. Es el ejemplo de manual de renta variable diversificada, y aun así se mueve entre 12% y 22% al año. Nadie lo consideraría una inversión conservadora.
La diferencia es que las acciones tienen un rendimiento esperado positivo en el largo plazo, que es la compensación por soportar esa volatilidad. Una moneda no ofrece eso. Quien mantiene pesos asume la volatilidad sin la compensación estructural que justifica asumirla.
Elaboración propia. Las líneas verticales marcan los cambios de régimen cambiario. El promedio del peso en la década fue de 24,4%, más de ocho puntos por encima del promedio del S&P 500.
Agrupando los diez años según el régimen cambiario vigente, el patrón se repite en los primeros cuatro períodos y se corta en el quinto.
En los primeros cuatro períodos cambiaron los gobiernos, los regímenes y el nivel de brecha, pero el resultado no: el peso siempre por encima de las acciones, entre 1,5 y 2,1 veces.
El quinto rompe la secuencia. Con 8,6% contra 13,6% del S&P 500, 2026 no es una mejora dentro del patrón sino un cambio de nivel: la volatilidad cae a menos de un tercio del promedio de la década. Si eso es un quiebre de tendencia o una fase de un régimen todavía joven es la pregunta que ordena el resto del informe — y hay argumentos en las dos direcciones.
La volatilidad cambiaria no es solo un problema para el ahorrista. Es uno de los obstáculos más concretos para que se invierta en el país, y la razón es sencilla: sin un tipo de cambio previsible no se puede proyectar.
Cualquier decisión de inversión —montar una planta, comprar maquinaria, abrir una sucursal— se toma comparando lo que cuesta hoy contra lo que va a generar en los próximos cinco o diez años. Esa cuenta exige estimar ingresos y costos futuros en una unidad de medida estable. Si la moneda en que se cobra puede moverse 30% en un año, el resultado del cálculo depende más del tipo de cambio que del proyecto en sí.
Las consecuencias se ven en la práctica. Los plazos se acortan: se financia a meses en lugar de a años, porque nadie quiere comprometerse a tasa fija en una moneda impredecible. El crédito de largo plazo prácticamente desaparece, y con él las hipotecas. Los contratos se dolarizan o se indexan, trasladando el riesgo en lugar de resolverlo. Y el capital exige un rendimiento mayor para compensar la incertidumbre, lo que deja fuera a proyectos que en otro contexto serían viables.
Enero–agosto 2026. Elaboración propia sobre datos del BCRA y precios de cierre de mercado.
El gráfico anterior resume la situación actual. El dólar mayorista —al que hoy una persona física accede sin límite— es el menos volátil del grupo: 8,6%, por debajo del peso mexicano y de las acciones norteamericanas. No tiene precedente en la serie.
La barra oscura de arriba es el CCL, que sigue marcando 17,4%: el doble. Ese es el precio relevante para operaciones sin restricción de monto y para personas jurídicas, que mantienen limitaciones de acceso al mercado oficial. En un mercado plenamente unificado ambos números deberían parecerse, como en junio de 2025, cuando la diferencia entre los dos precios fue de 0,3%. Hoy es de 5,97%.
La mejora no ocurre en el vacío. Coincide con un conjunto de factores que quitaron presión sobre el tipo de cambio: un superávit comercial sostenido, varios meses consecutivos de superávit fiscal, un dólar débil a nivel global que benefició a las monedas emergentes en general, y el ingreso de divisas asociado a proyectos aprobados bajo el RIGI.
Esto importa para leer el dato. Una baja de volatilidad sostenida por flujos genuinos y equilibrio fiscal es distinta de una baja sostenida por una regla que contiene el precio. La primera tiende a consolidarse; la segunda tiende a revertir. La evidencia disponible apunta a que hay algo de la primera, y esa es la diferencia más relevante entre 2026 y los episodios previos de calma cambiaria.
Los pesos no son la parte conservadora de una cartera. Durante nueve de los últimos diez años se movieron más que las acciones, y sin el rendimiento esperado que compensa esa volatilidad. Eso no vuelve mala la decisión de tener pesos: la vuelve una decisión que hay que dimensionar, no una posición por descarte.
La calma del precio oficial no es lo mismo que ausencia de riesgo. Entre diciembre de 2023 y abril de 2025 el oficial se movió apenas 1,3% al año si se excluye una sola jornada. Después saltó 118% en un día. En los tres episodios de salto cambiario de la década, los meses previos fueron los más tranquilos del período. La calma vino siempre antes del ajuste.
La mejora de 2026 se puede verificar mes a mes. Alcanza con comparar la volatilidad del precio oficial contra la del precio libre, y seguir la diferencia entre ambos. Si las dos mediciones convergen y la diferencia se mantiene cerca de cero, la normalización es genuina. Si vuelven a separarse, el riesgo se está acumulando en lugar de reflejarse.
Cada cartera tiene un perfil, un horizonte y una moneda de referencia distintos. Si tenés exposición relevante en pesos, conviene revisar con tu asesor cómo se dimensiona ese riesgo en tu caso particular.
El análisis está construido desde la perspectiva de una persona física residente. Las restricciones cambiarias vigentes para personas jurídicas fueron y siguen siendo distintas, por lo que las conclusiones no son trasladables directamente a una empresa.
La serie de precio accesible combina dos fuentes según el régimen vigente. Para los tramos sin restricciones —enero de 2016 a agosto de 2019, y desde el 14 de abril de 2025— se usa el tipo de cambio oficial. Para el período de cepo —septiembre de 2019 a abril de 2025— se usa el contado con liquidación, dado que el acceso al oficial estaba limitado a 200 dólares mensuales.
El tipo de cambio oficial corresponde a la serie de la Comunicación "A" 3500 del Banco Central de la República Argentina, obtenida de su API de estadísticas cambiarias: 2.595 ruedas entre el 4 de enero de 2016 y el 25 de agosto de 2026. Se trata del tipo de cambio mayorista de referencia. Una persona física opera en el segmento minorista, con spread e impuestos, pero ambos segmentos se mueven de manera prácticamente idéntica, y el mayorista es la serie oficial publicada. No se emplearon fuentes secundarias: al contrastarlas se detectaron desfasajes de un día hábil en las jornadas de devaluación, con discrepancias de hasta 54%.
El contado con liquidación se reconstruyó a partir del cociente entre la cotización local en pesos y la del ADR en dólares de dos emisores con cotización simultánea en Buenos Aires y Nueva York, ajustado por el ratio de conversión. Ambas reconstrucciones se validaron de forma cruzada y su cociente se mantuvo entre 0,99 y 1,01 durante toda la muestra; los valores publicados son el promedio de las dos. Se descartaron las ruedas en que la plaza local no operó y la neoyorquina sí.
La volatilidad es el desvío estándar de las variaciones diarias, anualizado con 252 ruedas. El gráfico de línea usa una ventana móvil de 60 ruedas. No se aplicó filtro alguno a las series del peso: los saltos de 2018, 2019, 2023 y 2025 son movimientos reales. En las monedas comparables y en el índice accionario se descartaron variaciones diarias superiores al 25% por tratarse de errores de registro.
Los cortes de régimen siguen decisiones normativas verificables; el esquema de bandas rige desde el 14 de abril de 2025 conforme a la Comunicación "A" 8226, y el mecanismo de actualización de esas bandas cambió en enero de 2026. Un tipo de cambio reconstruido a partir de un número acotado de emisores incorpora ruido de liquidez y de desfasaje horario entre plazas, por lo que sus valores deben leerse como una cota superior; en 2026 las dos reconstrucciones arrojan 15,5% y 19,3%, la mayor dispersión de la muestra. Gráficos de elaboración propia.
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El análisis de volatilidad histórica presentado tiene carácter descriptivo. El desempeño pasado no garantiza ni sugiere resultados futuros, y ninguna de las mediciones incluidas debe interpretarse como un pronóstico sobre la evolución del tipo de cambio o de cualquier otra variable. Los cortes de régimen cambiario y la construcción de la serie de precio accesible responden a criterios metodológicos del emisor, detallados en la sección precedente.
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